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Desemejanzas entre Los Picapiedra y Los Simpson

Desemejanzas entre Los Picapiedra y Los Simpson


Amparito me sugiere en el comentario a la entrada sobre Los Picapiedra el parecido entre esta familia de los 60 y la serie Los Simpson, nacida en los 90 y, sí, realmente, una es hermana mayor de la otra y en ambas la ironía pretende poner en tela de juicio the way of life estadounidense. Además, ambas coinciden en algo fundamental: ninguna de las dos es una serie infantil,  sino para adultos, en las que los problemas que aparecen y su tratamiento son en general conflictos de pareja, laborales, amistosos o profesionales totalmente alejados del universo infantil a pesar de que, en ambos casos, las productoras se empeñaran en venderlas y las TV las emitan dentro de horarios y programación infantil.

Sin embargo hay una diferencia fundamental entre las dos series, que convierte a la primera en modelo de la mística de la feminidad que denunció Betty Friedan y que no ocurre así con la más contemporánea. La diferencia creo que está en la felicidad. Y ésa es una de las formas de ver la perversidad de la mística: mientras que la familia de los 60 muestra el estilo de vida como perfecto, en donde sus individuos encuentran la felicidad de sus vidas cumpliendo las metas de la clase media americana, los Simpson son presentados, desde el principio, como una familia disfuncional. Ninguno de sus miembros es feliz con lo que hace, con cómo es, o con sus perspectivas de vida. Todos se acomodan más o menos porque se quieren y es lo que conocen, pero no se muestra como la forma perfecta de vivir.

La perversidad de la mística, reflejada perfectamente en los Picapiedra, es que para esta concepción del mundo y del papel de las mujeres en él, la vida de la clase media y  la labor de las mujeres como amas de casa y madres es la forma de alcanzar la felicidad plena puesto que es la única forma de desarrollar la feminidad de cada mujer y eso es lo que nos puede hacer más felices. Realmente la mística de la feminidad, o esa serie de tópicos e ideas que constreñían a las mujeres al seno del hogar, vendía la imagen de la mujer feliz, como lo es Wilma Picapiedra y no así Marge Simpson.