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viernes 15 de julio de 2011

Dependencias Mutuas (5) Daniela Ortiz


 
La familia estaba compuesta por el marido, la mujer y cuatro hijas mujeres. La esposa y el esposo se parecían entre sí y las cuatro niñas se parecían a ambos. En las fotografías familiares que había en todos los rincones de la casa, sus seis cabezas rubias de distintos tamaños aparecían muy juntas, como si fueran un ramo de flores y estuvieran atadas entre sí por un hilo invisible. Sonreían al mundo, dando la impresión de que lo encontraban abrumadoramente hermoso. Las sonrisas no eran falsas. De todos los sitios que habían visitado, y parecían haber viajado por todo el mundo, habían traído un pequeño recuerdo y todos ellos podían recitar su historia desde el principio. Incluso cuando caía una pequeña llovizna, admiraban la forma en que el agua veteaba el aire limpio.




97 EMPLEADAS DOMÉSTICAS (2010)

Serie compuesta por setenta y siete fotografías de grupos de personas de clase alta peruana en situaciones domésticas cotidianas. En cada una de estas fotos aparece en el fondo de la imagen, fuera del área enfocada o prácticamente fuera del campo de la imagen, una o varias empleadas de hogar. Todas las imágenes han sido recogidas de la red social Facebook. Este proyecto se materializó en un libro editado el pasado año[1]. El libro presenta la portada y las páginas iniciales completamente en blanco. A continuación podemos ver las setenta y siete imágenes recogidas por la autora, sin pie de foto ni información alguna, y sólo al final encontramos el título de la serie y el nombre de la artista, y un espléndido texto escrito por Marcelo Expósito[2]. Cierran la edición los créditos de la publicación y es entonces, ya con toda la información, cuando podemos volver a mirar las fotografías desde el principio y descubrir con estupor todo aquello que nuestra primera visualización ha obviado, nuestro propio fuera de campo: brazos, piernas y siluetas más o menos lejanas de las trabajadoras que sostienen a las familias felices retratadas; aquello que es excéntrico a la representación institucional es lo que más va ampliar nuestro conocimiento acerca de las relaciones de poder que el encuadre ha pretendido dejar fuera sin, finalmente, conseguirlo.


 

Expósito relata en su texto el arranque de este proyecto: en 2006, la joven artista peruana Daniela Ortiz solicita ayuda a la rama adinerada de su familia para trasladarse a vivir a Europa. La familia le ayuda a conseguir un trabajo relacionado con sus competencias artísticas, en el entorno de amistades de la familia, que le proporcione la renta suficiente para desplazarse a Barcelona. Así, Daniela trabaja filmando los momentos vacacionales o de ocio de familias peruanas pudientes en la playa de Asia, al sur de Lima, vídeos de uso privado que documentan la actividad informal de los niños de estas familias. Se le dio una indicación en especial para la realización de este trabajo: las trabajadoras domésticas no debían aparecer en las filmaciones. Expósito cita también en su texto una polémica que llevó la playa de Asia a los medios de comunicación peruanos: se discutía si las trabajadoras domésticas debían dejarse ver siempre en uniforme o por el contrario estar autorizadas a vestir ropa informal en público. Estaba en juego el señalamiento del estatus social y la visibilidad de las diferencias de clase en ese espacio social.


Paula Gonzalo flipando con la pieza de Daniela en en el montaje de la exposición en la Casa de la Mujer

Partiendo de esta primera experiencia laboral de Daniela Ortiz que le permitió instalarse en Europa para continuar con su carrera artística, el texto de Marcelo Expósito repasa otros trabajos en los que la artista ha conjugado trabajo asalariado, trabajo intelectual-artístico y trabajo político, todos dentro de la misma actividad y no como momentos diferenciados de la vida cotidiana (como los generados en su experiencia como empleada de una pastelería de lujo en Barcelona), en los que Daniela encarna el conflicto inherente al arte contemporáneo acerca del tabú sobre las condiciones materiales del trabajo del arte y sus fuentes de financiación extra-artísticas, que convierten en muchas ocasiones a los y las artistas en un precariado de élite.




La relevancia de cuestiones como la clase, el género y el origen étnico en la trayectoria de Daniela Ortiz queda plasmada en otra de sus intervenciones: “ES DE PUTA MADRE SER MUJER”, escrita en un muro del festival FEMART09. El proyecto fue aceptado en la convocatoria organizada por el centro feminista Caladona de Barcelona, y el comité organizador decidió utilizar la frase en la campaña publicitaria del festival, imprimiendo 10.000 flyers con ella. Días antes de la inauguración, Ortiz propone cambiar la frase seleccionada para la pared, escribiendo lo que sería la continuación de la misma. En un principio se le denegó la propuesta. Finalmente, tras debates con el resto de participantes y con las organizadoras, se le permitió escribir “ESPAÑOLA, BLANCA Y DE CLASE MEDIA” en el muro.


La artista ha comenzado un nuevo proyecto sobre el espacio vital dentro del hogar otorgado a las empleadas domésticas, análisis e investigación sobre la "arquitectura de servicio”.
Para terminar, os recomiendo ardientemente esta entrada del fantástico blog hermano Palomitas en los ojos, que amplifica el sentido de esta exposición con inteligencia e ironía. Todo un lujo.



[1] Daniela Ortiz, 97 empleadas domesticas, Barcelona, Generalitat de Catalunya, Secretaria de Joventut, 2010.
[2] Marcelo Expósito, D-O I-5. En el año 2006, la joven artista peruana Daniela Ortiz de Zevallos  solicita ayuda a la rama adinerada de su familia para poder trasladarse a vivir a Europa, en Daniela Ortiz, op. cit.