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jueves 28 de julio de 2011

Amas de casa (4) Dibujadas

Una de las mejores representaciones que se hicieron de la mística de la feminidad en los 60 es la serie de dibujos animados Los Picapiedra. Sus creadores, Joseph Barbera y William Hanna supieron divulgar perfectamente las evidencias de una sociedad inmersa en un pensamiento consumista en donde los hombres representaban la fuerza del trabajo, pero también de la creatividad y de la iniciativa y las mujeres debían ser sustento del hogar y madres fundamentalmente. Así pues, Los Picapiedra constituyeron la perfecta divulgación del resultado de la mística en la sociedad americana. Pero ¿en qué consistía su poder de atracción para llegar a convertirse en una  de las series más vistas en la historia de la TV?  La mezcla entre modelo normativo y crítica que recorre todos los capítulos es, seguramente, el secreto de su éxito. Por un lado mostraban la situación "perfecta" de una familia americana: el padre trabajador, la esposa entregada, el bebé perfecto, los buenos vecinos. Pero la situaciones ridículas en las que siempre termina su protagonista nos alejan de ese modelo y sirven, no tanto para criticarlo como para que cualquiera se sienta identificado en algo con él. 



¿Quién quería ser como Wilma Picapiedra?
Sin embargo, ninguna de las niñas que veíamos la serie queríamos ser como las afanosas Wilma y Betty Mármol. En nuestros sueños y envidias estaban Pippi Calzaslargas (Pippi Langstrumpf) o Jo, la segunda hermana de Mujercitas, pero nunca he escuchado a ninguna mujer que hubiera tenido en su pensamiento de futuro a la familia Picapiedra. Sin embargo su modelo de matrimonio, incluso de mascota (¡cómo no nombrar a Dino!), de bebé, de casa y de vida vecinal era una meta a conseguir en una España que se estaba alejando del mundo rural y quería pertenecer de pleno derecho a las ciudades que mejor o peor les acogían.
Wilma (y Betty como apéndice del modelo femenino) es el contrapunto de Pedro. Realmente ella no suele tener la iniciativa, únicamente pone la sensatez en las locuras que se le ocurren a Pedro y que son el meollo gracioso de la historia. Wilma es una mujer atenta en su trabajo, consciente de la realidad, observadora de las reglas sociales, coqueta con su imagen y analítica sobre el mundo que le rodea. Es cómplice con Betty, su gran amiga y espejo de su vida familiar. Wilma es una mujer sensata y sin un ápice de imaginación. Realmente está, intelectualmente y por su carácter, muy por encima de su marido aunque procura ocultarlo tratándolo como el rey de la casa. De todas formas la serie, fiel fundamentalmente a la ironía que destilan sus diálogos, no deja de ponerla a veces en situaciones comprometidas que sirven para ridiculizar también su modelo femenino.



No recuerdo que apareciera un capítulo en la serie que tratara "el mal que no tiene nombre" tal y como lo nombra Betty Friedan. Más bien la serie de dibujos cumplía a la perfección su papel divulgador y educativo, como ningún otro medio hubiera podido hacerlo, de desear como felicidad completa para las mujeres ser amas de casa y tener como fin último la atención a su marido, su hogar y sus hijos y aleccionadoramente también les enseñaba a los niños cómo ser felices alcanzando una clase media acomodada, incluidas barbacoas. Otras series acompañaron esta aleccionadora educación, como por ejemplo "Embrujada" pero ésta merece una entrada aparte.

2 comentarios:

amparito dijo...

En una mucho más reciente como Los Simpson sigue el mismo estereotipo. Aunque este Lisa (la hija) para compensar
Las salidas de Mafalda a su madre ama de casa frustrada son buenísimas
Pero quien haya encontrado la solución a la dedicación que llevan los hijos sin delegar los cuidados que tire la primera piedra

A ver si me dan alguna pista en el foro de maternidad este finde en Jaca...
Saludos y buen verano a todas

AnaM dijo...

Tienes razón, los Simpson son hijos de Los Picapiedra y la esposa sigue los mismos estereotipos sobre los que se construye Wilma. Ya nos contarás qué tal en Jaca, ¡Buen verano!