¿Quién es la otra mujer? ¿Cómo puedo dirigirme a ella? ¿Cómo se dirige ella a
mí?
Gayatri Spivak, 1986
LA OTRA (2001)
María Andrea y Charo, Charo y Rosario, Verónica y Norberta.
María Andrea y Charo, Charo y Rosario, Verónica y Norberta.
Empecé cuando me mudé con mi chico y en la repartición de tareas terminé haciendo cosas por él, que pensé cómo sería hacer esas mismas cosas no por amor sino como un trabajo. Siempre en mi casa hubo una empleada doméstica, y ahora que vivo con mi pareja y mi hija pequeña también contrato a una trabajadora del hogar. Y por más que los regímenes laborales cada vez sean mejores, a mí aún me genera contradicción. Creo que más que un tema es una problemática: el trabajo doméstico en muchos lugares del mundo sigue teniendo características serviles, que en Perú se cruzan específicamente con problemas de racismo y sexismo[1].
Iguiñiz nos hace interrogarnos: ¿quién es la otra?, ¿la empleada?, ¿la empleadora?, ¿la fotógrafa? Y eso dependerá de quién haga la pregunta, de su clase social, su lugar de origen, etc.
La otra es una serie de retratos fotográficos de veinticinco parejas de empleadoras-empleadas que expresan el problema
del otro visto desde la intimidad del hogar limeño de clase media. Para la empleada doméstica, el otro lo constituye la empleadora y su familia. Para la empleadora, el otro es evidentemente la empleada. El hecho de que cada foto lleve como título sólo los nombres de pila de las retratadas, sin discernir a quién pertenece cada cual, tiende a reforzar la posición pretendidamente neutra y paralela de cada una de ellas. En realidad, tiende a desmantelar esa neutralidad inexistente y a mostrar, supuestamente desde la distancia profesional y la desafectación, una realidad marcada por las diferencias económicas, sociales y étnicas. Se trata de retratos de esmerada composición, todos delante del sofá de la casa empleadora, ese lugar del ámbito privado donde se recibe, que muestra la posición de su dueña, que contextualiza la relación existente entre la pareja retratada.
del otro visto desde la intimidad del hogar limeño de clase media. Para la empleada doméstica, el otro lo constituye la empleadora y su familia. Para la empleadora, el otro es evidentemente la empleada. El hecho de que cada foto lleve como título sólo los nombres de pila de las retratadas, sin discernir a quién pertenece cada cual, tiende a reforzar la posición pretendidamente neutra y paralela de cada una de ellas. En realidad, tiende a desmantelar esa neutralidad inexistente y a mostrar, supuestamente desde la distancia profesional y la desafectación, una realidad marcada por las diferencias económicas, sociales y étnicas. Se trata de retratos de esmerada composición, todos delante del sofá de la casa empleadora, ese lugar del ámbito privado donde se recibe, que muestra la posición de su dueña, que contextualiza la relación existente entre la pareja retratada.
El mundo doméstico como lo otro del mundo público, o las fotógrafas pioneras como las otras en los comienzos de la fotografía. En el texto que Iguiñiz incluye en su web, Antonio Ramos pone en relación la serie La otra con los retratos mágicos de Julia Margaret Cameron, una de estas pioneras, quien utilizó como modelos a varias de sus camareras, Mary Hiller y Mary Ryan, que posaron para ella como madonnas, hadas o ninfas, y con la actitud cuestionadora de Diane Arbus, quien exploró como nadie la condición humana a través de sus retratos de “los otros” de esta sociedad.
La propia artista eligió los siguientes versos de Octavio Paz para acompañar a la exhibición de su serie en una muestra anterior:
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia
Y declara partir en su trabajo de sus propias contradicciones, no para juzgar sino para profundizar en la realidad a través de exacerbar esas contradicciones. Las fotografías de Natalia Iguiñiz producirían así la representación de su propia contradicción, encarnando la contradicción de un sujeto de género femenino atravesado por la clase social, la etnia, etc. Siguiendo a Teresa de Lauretis no se trataría sólo de diferencias y divisiones entre mujeres sino, también, y con la misma importancia, de diferencias y divisiones en la misma mujer; es decir, que surgen como efecto de diferencias y divisiones en la subjetividad de cada mujer. Para Lauretis, el sujeto del feminismo está al mismo tiempo dentro y fuera de la ideología del género y es consciente de ello, es consciente de esta doble tensión, de esta división y de su doble visión, que busca su lugar entre las fisuras y grietas de los aparatos de poder y saber, buscando de alguna forma aquello que larepresentación normativa excluye o convierte en irrepresentable.
Iguiñiz ha colaborado también como cartelista con el sindicato de trabajadoras domésticas del Perú.
Iguiñiz ha colaborado también como cartelista con el sindicato de trabajadoras domésticas del Perú.
[1] Declaraciones de Natalia Iguiñiz en Carmen Vallejos, “De entrecasa” Página 12, Argentina, 18 de agosto de 2006
La escritora peruana Rocío Silva vincula también el maltrato a las trabajadoras con la institucionalización privada del racismo y alude a cómo la práctica del servilismo como mecanismo de supervivencia de sectores sociales pobres permite no sólo el clientelaje político de gobiernos populistas, sino también la preservación de situaciones degradantes. En sus palabras, en una sociedad terriblemente injusta como la peruana, la discriminación y la segregación se aprenden desde la cuna: el racismo y la exclusión quedan naturalizados. Su reportaje “Se necesita muchacha” en la revista peruana Ideele, nº 180, marzo 2007, da cuenta de esta situación en la que el abuso se conjuga con la explotación infantil y recoge también las alternativas propuestas por trabajadoras domésticas organizadas en sindicatos de trabajadoras del hogar y otras asociaciones.


1 comentarios:
uf que joda y que contradicción presente todo el tiempo....en los "mecanismos de poder" que nos cruzan con todo ....
en los agardecimiento de mi tesis de género escribí "A María Rosa Sánchez Huanca, mujer peruana cuya presencia doméstica fue decisiva para llegar a puerto. Paradójicas asimetrías fundadas en su desarraigo que me enrabia y al mismo tiempo me libera"....
no hay punto de fuga....
Paula
Publicar un comentario en la entrada