Por fín otra firma invitada contándonos sobre las Jornadas feministas de Granada!: Reyes Moreno. Que disfrutéis.
Una de las aportaciones que más me gustaron y estimularon de las Jornadas Feministas de Granada fue la exposición que hizo la psiquiatra Ana Távora en la mesa dedicada a “Relaciones, amor y deseo”. Ana Távora trabaja en equipos de Salud Mental en Granada con un esquema de referencia que se basa en que el enfermar de las mujeres está relacionado con el lugar social que se les ha adjudicado.
Tiene gran experiencia de trabajo con grupos donde encuentra relación entre el ideal de mujer asociada al cuidado, las necesidades de otros antes que las suyas propias y la afectividad…y el conflicto que puede suponer alejarse de este ideal.
Comenzaba preguntándose–nos por qué el amor en la pareja heterosexual es un sistema de dominación, y explicando cómo la desigualdad externa a través de sutiles mecanismos construye una subordinación interna interiorizada que cobra sentido en la manera en que las mujeres tenemos de desear y mantener una relación de pareja. La ponente nombraba esa relación entre desigualdad y amor alienado cuando en la relación con un hombre todo aquello que se pone y todo lo que se da, con la esperanza de recibir, se convierte en algo central en la vida de las mujeres.
Bellezas oscenses en la mani con señor que no entiende
Y ¿cómo hacer para cuestionar aquello que nos hace sentir mal y que nos imposibilita ese proceso de individualización, que nos permitiría tener deseos propios y estar satisfechas, más allá de la relación con un hombre?. La ponente nos habla sobre el concepto de desalojo masculino del mundo interno, algo así como que ese vínculo deje de ser tan central. Mujeres y hombres necesitamos sentirnos queridas/os. Tenemos necesidades afectivas que los hombres suelen tener cubiertas a lo largo de la vida en mayor medida que la mujeres por parte de estas mismas: madre, hermanas, parejas… Nombrar aquí la aportación que hacen sobre este tema de la dependencia afectiva masculina las escritoras de ¿Qué quieren las mujeres? Eichenbaum y Orbach, analizando cómo los hombres se muestran más independientes precisamente por tener estas necesidades más cubiertas, sin ser conscientes de ello.
En los grupos y otros estudios en los que ha participado la ponente se ponía de manifiesto la influencia que tiene la concepción del amor romántico, la necesidad (no la opción) de tener pareja que te complete, la media naranja… Pero, de manera muy potente, las relaciones familiares vividas influyen en la forma, más o menos central, de establecer los vínculos con los hombres. Así ponía ejemplos de cómo algunas mujeres contaban como algo significativo aquello que ocurría entre su madre y su padre, aparte de recordar lo que la habían querido a ella: se llevaban mal pero seguían juntos, dormían juntos.
Otro aspecto de este concepto de amor romántico y la manera de establecer un vínculo subordinado tiene que ver con pensar que aquello que no nos dieron de pequeñas (al fin y al cabo quién no ha tenido carencias o se han vivido como tales) nos lo pueden dar de adultas, cuando logremos tener un hombre al lado que nos quiera. Ana Távora explicaba que asumir la idea de que aquello que no te dieron ya no te lo darán del modo en que entonces lo deseabas, puede contribuir a entender que de adultas te ofrecen otras cosas, de otra forma…
Para diferentes mujeres y sus modos de “ser mujer” resulta muy valioso sentirse querida: eso te pone bien, te hace sentir feliz. Se produce un entonamiento puesto que en la medida que te quieren te quieres. Esto en parte es así para todas las personas, puesto que nos construimos teniendo en cuenta la mirada del otro; pero para las mujeres se convierte en algo central, puesto que darse valor por sus propios logros, en infinidad de ocasiones, es una cuestión conflictiva.
¿Cómo lograr otros entonamientos? ¿Qué ocurre cuando el otro no es tan importante, ni tan importante que me quieran, que me acepten? Pues como decía Ana Távora, para construir esa individualidad hay que “deprimirse un poco”, hay que sentir el vacío, porque en la relación con un hombre también hay vacío, aunque intentemos no sentirlo. A veces nos sentiremos excluidas, que no nos necesitan, que no pintamos nada en la vida de otra persona…
En los grupos ha visto cómo se puede modificar la importancia de lo afectivo a lo largo de la experiencia grupal, y cómo va cambiando lo que se espera de las relaciones con otras mujeres, pudiéndoles dar más valor.
Como Ana Távora dice: “Si tú sientes que lo fundamental es que te quieran, lógicamente evitarás tener deseos propios y presentarás una menor conciencia de sujeto. Pero podemos dejar de ser mujeres a las que nos hace falta que nos quieran por encima de todo, que nos entiendan, que nos reconozcan, que nos comprendan para convertirnos en mujeres que tenemos intereses y queremos darles salida”
3 comentarios:
...curiosamente se observa un cierto retroceso social en la vindicación del feminismo, como si se temiera la reacción ajena ante un contundente "soy feminista" (no me refiero a lo expresado en el post sino a lo constatado en las vivencias cotidianas).
Queda, todavía, un largo trecho. Pero en él seguimos muchas y muchos.
Saludos.
P.S.- Me ha encantado la expresión "bellezas feministas", :)
Enhorabuena, chicas.
No sólo por esto, pero también :-)
Delia
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