Día 5. Ponencia Entre yo y el mundo una mujer Celia García López
La primera ponencia a la que acudí en Granada la elegí por su sugerente título, ninguna otra referencia acompañaba mi elección. La ponente era una joven doctorada de 28 años con un discurso que pertenecía totalmente al feminismo de la diferencia, creo que de los pocos que se dieron en las Jornadas. Después de plantear, desde esta perspectiva, el espacio de las mujeres en el mundo, de pronto dio pie a un debate que estuvo latente a lo largo de todas las Jornadas: el conflicto generacional entre el movimiento feminista más clásico y las jóvenes que se acercan a él.
No es nuevo el tema, pero está muy bien que salga en estos espacios para ver hasta qué punto se acercan nuestras posturas o se alejan y para ver cómo sirven algunas de las conclusiones, opciones tomadas y defendidas por el movimiento feminista en conjunto y cómo hay otras que es necesario repensar. O dónde estamos nosotras, generación intermedia, siempre más oculta.
La ponente, Celia García López, defendió varias propuestas, partiendo del título de la ponencia (interpretemos el mundo a través de las mujeres que somos, veamos el mundo como lo ven otras mujeres con sus ojos) por medio del lenguaje de la diferencia, que ningún otro conceptualismo teórico-feminista ha conseguido sobrepasar en belleza y sugerencia. Pero el simbólico luchador de algunas de estas propuestas resultaron irritantes para varias de las asistentes. Ella decía que:
- Es necesario encontrar y hacer espacios donde encontrar una comunicación horizontal más allá de donde vengamos.
- El movimiento feminista lleva un tiempo de atomización y esto lleva a desajustes en la comunicación.
- De la práctica feminista tiene que hacerse la teoría, a partir de la propia experiencia concretar, partir de sí.
- El objetivo de estas propuestas de la diferencia es dar cabida a nuestro deseo en el mundo.
- Es necesario seguir lógicas racionales o afectivas/ lógicas mercantiles.
Es curioso que cuando releo su pregunta, está formulada en positivo, para llegar a algún sitio y sin embargo levantó una pequeña polvareda de indignación. Las intervenciones se sucedieron sin parar: desde mujeres defendiendo el feminismo institucional, mujeres defendiendo el feminismo de base, la doble militancia, el empoderamento de las mujeres… un agujero negro se me había tragado y de repente volvía a mis primeros debates en Lisístrata. Ya no se hablaba sólo de jóvenes y mayores, parecía que todo lo hecho hasta ahora por el feminismo estuviera en tela de juicio. Yo no acababa de entender muy bien a las indignadas, ¿en qué se sentían atacadas? Un espacio de comunicación horizontal y de cuerpo a tierra.
Pero una parte del conflicto generacional se manifestó. Mujeres jóvenes de Asturias, recuerdo, hablaron varias veces para explicar cómo se sentían con respecto al movimiento feminista y ellas decían lo siguiente:
- No se reconoce la misma autoridad a todas las mujeres
- Hay ideas nuevas que rompen, por parte de la gente joven, pero no se admiten. Muchas veces con la frase de que “eso ya se ha discutido”.
- Muchas mujeres jóvenes no se sienten incluidas en el movimiento feminista clásico porque éste tiene un sujeto definido: blanca, clase media, etc.
Algunas de estas ideas fueron apuntadas también por Teresa Maldonado en su charla “Nuevos desafíos en la teoría y práctica feminista. El análisis y la lucha feminista, entre la identidad y la diversidad de las mujeres” que, seguro, aparecerá en otra entrada.
La apuesta de la gente más joven es descolonizar el feminismo
Y a mi, creo que me gusta la idea de descolonizarme, repensarme, criticarme y reirme, ver qué clichés hemos creado y romper con nosotras mismas de vez en cuando.
