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miércoles, 23 de septiembre de 2009

La puta que hay en tí


Marina Abramovic, Cambio de papeles, De Appel Gallery, Barrio Chino, Amsterdam, 1975:

Busco una mujer que haya trabajado diez años como prostituta. En ese momento he cumplido diez años como artista. Le propongo cambiar papeles. Acepta. La mujer me sustituye en mi inauguración en la galería De Appel de Amsterdam. Al mismo tiempo yo me siento en su lugar, en su escaparate del barrio de Amsterdam. Ambas nos responsabilizamos plenamente de nuestros papeles.



Marina Abramovic (Belgrado 1946). Performer pionera. El propio cuerpo como sujeto y medio de expresión.

Me preocupan las brigadas de vecin@s saliendo a la calle en el barrio de Delicias de Zaragoza, ocupando las esquinas, contra la prostitución callejera en la zona. Como en Barcelona, la prensa habla de mujeres realizando los servicios en la calle y en ocasiones mezcla de forma sensacionalista inmigración y delincuencia…
Parece que estos golpes de efecto surgen de vez en cuando y se solucionan con mayor presencia policial y traslado de las prostitutas a otros lugares sin abordar realmente la mejora de sus condiciones. Claro que la vecindad tiene derecho a vivir tranquila. Y las prostitutas ¿tienen derecho a trabajar tranquilas? ¿tienen derechos?

Me da vergüenza ajena que en los debates políticos sobre la cuestión y en las discusiones de medidas legislativas no se tenga en cuenta la voz de las propias interesadas. ¿Qué significa prohibir la prostitución? ¿Enviar más policía, detener a quienes no tengan papeles? ¿O es que va a haber papeles, trabajos y sueldos dignos para todas? Por favor, no me hagan reir. No, deberían trabajar limpiando y cuidando por 600 e. al mes ¿verdad? Claro. Ser decentes. Como nosotras. ¿Pero cuánta gente se vende por dinero, por poder, por un empleo mejor? ¿Se casa, se acuesta, se aburre por estabilidad, por la hipoteca, por dinero? ¿Eso no tiene nada que ver con la prostitución?

La primera vez que vino Laurie Anderson a Zaragoza, hace casi veinte años, contó en su actuación en el teatro Principal que había participado en una concentración feminista frente a un club. Salieron las chicas y les dijeron “¿Porqué no váis a protestar a la fábrica que hay dos manzanas más abajo, donde las mujeres trabajan el doble de horas que nosotras y ganan la mitad ?”


Además, como dice un vecino de Delicias en el Periódico del pasado 8 de septiembre: “Estamos muy preocupados. Si no se toman medidas, el precio de los pisos de esta zona va a caer en picado.”
Y eso no se puede consentir.

3 comentarios:

marideliwes dijo...

Me ha encantado, chicas. Un beso de... un putón :-)

Anónimo dijo...

Yo también me alegro mucho de vuestro punto de vista.
A mí me parece crucial esa pregunta que haceis invocando a Hetaira: ¿tienen derecho a trabajar tranquilas? ¿tienen derechos?

Habrá que seguir hacíéndola a los líderes políticos, vecinales, sindicales o feministas hasta que no llegue el día en que a una prostituta se le lleve a los colegios y se le ponga de ejemplo a los niños, hasta que no le den premios de reconocimiento en la ciudad, hasta que el insulto "hijo de puta" no sea sancionable, hasta que en la tribuna del Congreso, en día de máxima audiencia, alguien defienda que las prostitutas y prostitutos se merecen el mayor respeto y no deben ser objeto de hostigamiento ni desamparo. Hasta desculpabilizar a los clientes (y a las clientas como hace "La clienta", http://www.laclienta.es/) , Hasta que alguien se atreva a romper esa esquizofrenia en que uno de los servicios más demandados es a la vez más objeto de los abolicionistas. Por supuesto, hasta que alguien no meta en la carcel para toda la vida a quien se aproveche de la vulnerabilidad de quienes ejercen esa noble profesión.

Hasta entonces, el artículo como el vuestro o autocalificarse de putón serán combates imprescindibles por la decencia.

Gloria dijo...

Me gusta mucho vuestro blog! gracias!