Una suite es la unión de varias piezas instrumentales compuestas en la misma tonalidad. Cada pieza en Némirovsky es un personaje al que vas siguiendo en su perplejidad hacia una guerra que nadie termina de creerse.
La invasión de Francia por las tropas alemanas y la unidad de los diferentes protagonistas de ese infierno que se va acercando hasta tragarlos en un caos sin sentido y doloroso es la triste tonalidad que se escurre por los dedos de la autora. Porque ella ya no podía escribir de otra cosa, su mirada estaba repleta de esas personas que huían. La imagino sola, en un pequeño sendero del pueblo en el que estaba medio escondida, obsesionada y compulsiva escribiendo con letra muy pequeña, porque apenas tenía ya papel en esa Francia en guerra, ¡y hay tanto que escribir!
“Yo, que me escondí del dolor que la crueldad de mi madre me había causado en mi niñez acudiendo a todos los bailes burgueses organizados por los franceses y refugiados que teníamos dinero. Yo, que llegué a tener fama de casquivana, de juguetona, de conquistadora, que fui feliz en mi burbuja y me hundí en un carpe diem juvenil sin final, abro los ojos y veo un mundo que se termina, se cae a pedazos a mi alrededor, y los ojos de la gente… sus miradas sus manos, su voz. Hay que escribirlo todo, todo. La gente tiene que saber, tenemos que sentir, estamos perdiendo (…) Caliente, pensaban los parisinos. El aire de primavera. Era la noche en guerra, la alerta. Pero la noche pasaría, la guerra estaba lejos”.
La invasión de Francia por las tropas alemanas y la unidad de los diferentes protagonistas de ese infierno que se va acercando hasta tragarlos en un caos sin sentido y doloroso es la triste tonalidad que se escurre por los dedos de la autora. Porque ella ya no podía escribir de otra cosa, su mirada estaba repleta de esas personas que huían. La imagino sola, en un pequeño sendero del pueblo en el que estaba medio escondida, obsesionada y compulsiva escribiendo con letra muy pequeña, porque apenas tenía ya papel en esa Francia en guerra, ¡y hay tanto que escribir!
“Yo, que me escondí del dolor que la crueldad de mi madre me había causado en mi niñez acudiendo a todos los bailes burgueses organizados por los franceses y refugiados que teníamos dinero. Yo, que llegué a tener fama de casquivana, de juguetona, de conquistadora, que fui feliz en mi burbuja y me hundí en un carpe diem juvenil sin final, abro los ojos y veo un mundo que se termina, se cae a pedazos a mi alrededor, y los ojos de la gente… sus miradas sus manos, su voz. Hay que escribirlo todo, todo. La gente tiene que saber, tenemos que sentir, estamos perdiendo (…) Caliente, pensaban los parisinos. El aire de primavera. Era la noche en guerra, la alerta. Pero la noche pasaría, la guerra estaba lejos”.
Lo más admirable de Némirovsky es que consigue dar un aire de cotidianeidad al extremado ambiente de guerra en el que se desarrolla toda la novela. Sin embargo, el acercarse tanto a los personajes nos hace vivir los momentos de incredulidad, de sorpresa, de angustia y por fin de desesperación al mismo ritmo que las y los protagonistas. Sus costumbres, sus vicios, sus valores van desapareciendo poco a poco conforme los alemanes se acercan a ellos, se acercan a ti y a mí.


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