Fumiyo Kôno こうの, La ciudad al atardecer. El país de los cerezos, Glénat, 2007, 104 pp.
Manga para jóvenes y no tanto, con una delicadeza que impregna toda la historia y los dibujos. Kôno cuenta dos historias relacionadas con Hiroshima y las terribles consecuencias de la bomba atómica. Pero en la historia, pensada y dibujada por la misma artista,
no hay rencor. Lo que quiere es darnos a conocer las historias de los “hibakusha” y sus descendientes. Japoneses envenenados por los efectos de la bomba atómica, cuyas consecuencias pueden salir al cabo de años y son genéticas. Los y las hibakusha son, en realidad, pequeños apestados a los que se trata con respeto pero huyendo de ellos porque dentro llevan la enfermedad y porque siguen siendo la muestra viviente de su humillación histórica más reciente. La propia protagonista de La ciudad al atardecer se pregunta: “Lo que sabemos es que alguien debió pensar (sic) que estaríamos mejor muertos… y, a pesar de eso, hemos seguido viviendo”. (…) “Lo que más miedo nos da, desde entonces, es habernos acostumbrado a ello, pensar que es normal que alguien nos desease la muerte”.Y, a pesar de esto, consigue mantener la dulzura.

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