sábado 21 de febrero de 2009

Elizabeth Gaskell, Norte y Sur (1)

Elizabeth Gaskell, Norte y Sur (1855), Alba Editorial, Barcelona, 2005, 540 pp.


Las influencias de Jane Austen. Gaskell, conocida por la biografía que escribió sobre Charlotte Brönte, referencia fundamental en el estudio literario de las Brönte y en la literatura inglesa del siglo XIX tiene, en su literatura, a Jane Austen escondida.

Conforme se va adelantando en la historia de Norte y Sur las referencias sociales y políticas, sin dejar de ser importantes, van dejando paso a la historia de un tira y afloja sentimental.
Margaret, la protagonista, no puede dejar de recordar a Elisabeth, Lizzy, la fuerte mujer que dicta los valores morales en Orgullo y prejuicio. También Margaret dicta esos valores pero le falla su agudeza psicológica en el momento de enfrentarse al hombre que amará. Las dos emiten un juicio injusto sobre el pensamiento y la acción de los hombres en los que se fijan, acusándolos con dureza, en el caso de Lizzy, de un orgullo egoísta que le hace ser cruel con las personas (maravillosa la escena que da título a la novela de Austen en la que ella se acusa de forma inteligente y sutil de una soberbia que desprecia profundamente), y en el caso de Margaret, su amado será un hombre orgulloso también y con un corazón pétreo que, del mismo modo que Mr. Darcy, le lleva a la maldad con sus semejantes.

El paralelismo que hay en las dos declaraciones amorosas de los protagonistas y la misma reacción de rechazo en ellas provoca la misma emoción al leerla. Los presupuestos son los mismos y la reacción de interés que empiezan a sentir ellas a partir de ese momento, la inflexión en la narración, es paralela. Sin olvidar la primera declaración amorosa que viven las dos protagonistas por parte de pretendientes que no les interesan.


El crecimiento moral de las mujeres se evidencia en el nuevo análisis de la realidad que les rodea donde unos y otras tienen que volver a aprender para encontrarse de nuevo. En una sociedad que se auto-vigilaba, el qué dirán y la compostura eran esenciales para mantener la buena reputación. Sus valores morales están traspasados por esta observación social de unos y otros, y la protagonista está sometida a esta presión en todos sus comportamientos: “No había cortado ni una flor el día antes por miedo a que la observaran e hicieran comentarios sobre sus motivos y sus sentimientos” (p. 497).
La mentira que dice para salvar a su hermano, que constituye su mayor conflicto personal, llega a torturarla por la presencia y el testigo incómodo en que se convierte el Sr. Thorton al saber que ella ha mentido.
Gaskell señala como una de las diatribas fundamentales de las mujeres en su madurez esta cuestión: “intentó resolver ese dificilísimo problema de las mujeres: cuánto debe entregarse en obediencia a la autoridad y cuánto puede reservarse para actuar con libertad”. (p. 516).

 
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