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lunes, 29 de septiembre de 2008

El primer siglo después de Béatrice

Amin Maalouf, El primer siglo después de Béatrice, Madrid, Alianza, 1992.


La entrada de AnaM. sobre El cuento de la criada, me hizo recordar esta novela de Amin Maalouf (Líbano, 1949) que comparte con la primera el género de la ciencia ficción y el abordaje de temas como las mujeres, la fertilidad, la descendencia...


Un anciano científico relata, en la mitad del s.XXI, los acontecimientos que han marcado su vida. A finales del s.XX comienza a propagarse por el mundo una sustancia, unos “polvos mágicos” que aseguran mejorar la potencia sexual viril y procurar una descendencia masculina, inhibiendo la formación de fetos femeninos. Los polvos en cuestión se propagan como la pólvora, ayudados por tradiciones que prefieren los hijos varones y por políticas de control de población. En los países del Norte, como siempre, la tragedia es atajada a tiempo y la población no sufre una descompensanción por sexos importante, pero en los países del Sur, o sea, dos tercios del planeta, la catástrofe está asegurada: el número de niñas se reduce enormemente y en una o dos generaciones la mayor parte de la tierra está poblada por hombres sin mujeres en sociedades sin posibilidad de descendencia, abocadas a su desaparición. La violencia, la frustración, el odio, el caos reinan en el mundo y el Norte se atrinchera todavía más. La falla horizontal Norte-Sur es definitiva y más profunda que nunca...




Como contraparte, el narrador da cuenta también de su vida privada y de su doble historia de amor: con su mujer, con quien construye una hermosa relación de respeto, apoyo, admiración e intercambio de papeles culturalmente asignados a hombres y mujeres, y con su hija, Béatrice, deseada principalmente por él y en consecuencia criada también por él mientras la madre -periodista e investigadora que decide implicarse en primera línea en la solución de esta grave crisis mundial- recorre el mundo.

Además de recoger la estupenda reflexión que la novela abre acerca de las relaciones Norte-Sur y de la “feminidad del mundo”, recuerdo que, cuando la leí por primera vez hace un montón de años, me preguntaba: ¿qué es más ciencia-ficción: la desintegración mundial que el relato advierte o la relación que su narrador mantiene con las mujeres?