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domingo, 24 de agosto de 2008

Moyra Davey, ed., Maternidad y creación. Lecturas esenciales (2)

¿Qué diferencia la vida y la vivencia de una madre creativa de una que no lo es? ¿Cómo se vive la maternidad desde una cabeza imaginativa con necesidad de expresión? Ir más allá de las ventajas y desventajas de una decisión, “traspasar la frontera de la realidad de mi propia experiencia”. Entrar en el pensamiento y en las decisiones de mujeres que no quieren, que no pueden abandonar la actividad creadora porque es su obsesión porque forma parte de ellas mismas porque no es un trabajo.

La lucha más difícil tal vez sea la de la obsesión frente a los afectos, siempre contra una misma.

Escritoras escribiendo en la mesa de la cocina, fotógrafas realizando sesiones interminables a su bebé, mujeres buscando su habitación propia, la que tiene que existir dentro para que el acto creativo se desarrolle a pesar de las dificultades. Y encontrar esa habitación en el comedor o en la cocina o en la habitación del bebé, donde esté en cada momento de tu vida.

“El bebé sonrió expectante y miró a través de los barrotes.
Se cogió la cabeza con las manos. Y luego se acercó hasta el interior de la cuna, enfocando lo mejor que podía con una mano mientras el bebé agitaba los brazos y los movía a través de los barrotes de la cuna casi sin aliento de tanto reír; entonces ella tocó las carnes prietas y rosadas de un muslo desnudo y fresquito y lo pellizcó con tres de sus dedos, más y más fuerte, hasta que la rabiosa campanilla le respondió de nuevo acompañada de un buen pedazo de lengua húmeda. A través de la lente de aumento se veía espinosa como una planta, como una esponja, tal vez, del fondo del mar”.


Rosellen Brown, Buen gobierno de la casa, p. 296