En esta instalación, de 1995, Eulalia Valldosera proyecta tras una cortina una gigantesca sombra femenina que espera, junto a la mesa, que alguien acuda a cenar. La artista decribe a esta figura como “madre nutriente en su acepción negativa: servil, sumisa...” y acaba identificándose con ella: “Finalmente, cuando abrí la cortina, la vi dentro de mí”. La hija se reconoce en ese vacío de la madre sin identidad propia en la cultura patriarcal.
Ese “descubrimiento” de la hija en relación con su madre, viene paralelo al descubrimiento que hacemos como espectadoras cuando abrimos la cortina y pasamos al interior de la instalación: esa enorme sombra femenina está construida con envases de medicinas y productos de limpieza, y la luz que la proyecta procede de una estufa doméstica. Estos elementos, despojados del dramatismo que hemos visto desde fuera en el juego de sombras, evocan la misma sustitución del cuerpo de la madre, confrontándonos crudamente con el problema de la privación de sentido.
Fuente: Assumpta Bassas



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