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martes, 12 de agosto de 2008

El comedor: la figura de la madre



En esta instalación, de 1995, Eulalia Valldosera proyecta tras una cortina una gigantesca sombra femenina que espera, junto a la mesa, que alguien acuda a cenar. La artista decribe a esta figura como “madre nutriente en su acepción negativa: servil, sumisa...” y acaba identificándose con ella: “Finalmente, cuando abrí la cortina, la vi dentro de mí”. La hija se reconoce en ese vacío de la madre sin identidad propia en la cultura patriarcal.
Ese “descubrimiento” de la hija en relación con su madre, viene paralelo al descubrimiento que hacemos como espectadoras cuando abrimos la cortina y pasamos al interior de la instalación: esa enorme sombra femenina está construida con envases de medicinas y productos de limpieza, y la luz que la proyecta procede de una estufa doméstica. Estos elementos, despojados del dramatismo que hemos visto desde fuera en el juego de sombras, evocan la misma sustitución del cuerpo de la madre, confrontándonos crudamente con el problema de la privación de sentido.





Después, Valldosera ha construido figuras de sombras gigantes, cuerpos femeninos que remiten a arquetipos de feminidad poderosa: hadas, hechiceras, diosas... En la serie: Envases: el culto a la madre (1996) ya no hay cortinas: el mecanismo de construcción de las figuras-sombra está en primer plano y al descubierto: envases de productos de limpieza delante del haz de luz de un proyector de diapositivas. La visibilidad de los envases neutraliza la tentación de idealizar esas grandes proyecciones de feminidad mítica. El reconocimiento de la contradicción (entre las diosas, las hadas, y los productos domésticos, tan prosaicos) es como poco una espléndida invitación a la crítica y a la reflexión.
Fuente: Assumpta Bassas