"Desde el principio de mi embarazo y según lo que alcanzo a recordar, siempre quise pertenecer a una familia. Pero de niña me habían llamado extraña y especial y también cosas mejores o incluso la mejor, y Pamela me había odiado por ello. Más adelante me había aislado debido a las definiciones de la maternidad que inevitablemente parecían no traspasar la frontera de la realidad de mi propia experiencia. Los libros modernos acerca del control del dolor digno, las órdenes condescendientes del ginecólogo, la luz centelleante en el solitario escenario sobre la mesa de parto en la que estaba tumbada y apasionantemente viva y rodeada de fantasmas y esqueletos con máscaras de la muerte, los terroríficos libros acerca de los cuidados infantiles llenos de amenazas y promesas de tortura, los rostros esclavizados de tantas mujeres a quienes quería querer pero cuyos espíritus habían sido derrotados en irreconocibles cúmulos de ilusiones, todo ello me había llevado a convencerme de que yo estaba, todavía, después de todo esto, sola. Y vivía en un exilio cuya agitación interna y opacidad externa amenazaban con hacer añicos mi cordura y abandonarme a la deriva por desiertos yermos mientras aporreaba sin cesar las puertas cerradas del parentesco".
Jane Lazarre, El nudo materno, p. 73

Este texto forma parte del primer apartado del libro titulado Diarios, Memorias y Ensayos. Tanto los fragmentos de Jane Lazarre (otra inencontrable en español), Doris Lessing o Adrienne Rich te introducen en la vivencia de la primera maternidad, la de los comienzos más intensos y más duros, y ellas, las creadoras, lo cuentan.
Imágenes: Ouka Lele (Aguas nutricias, 1994), Alice Neel (Nancy and Olivia, 1967)

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