Me adentro en las llanuras de Kenia y la memoria literaria no puede evitar llevarme a una de las novelas más originales y románticas del siglo XX
en la que una valiente mujer descubre un nuevo mundo al que trata de conocer y adaptarse.
Pero esta historia está contada por otra mujer y desde el otro lado. La época de Isak Dinesen correspondería más o menos a la generación de la madre de Wangari Maathai y el libro comienza con una maravillosa explicación sobre el mundo colonizado, el aprovechamiento de los nativos, su obligada adaptación cultural y la negación del gobierno colonizador a cualquier reconocimiento de deuda o gratitud, incluso a los soldados keniatas muertos en la I Guerra Mundial.
Wangari va avanzando en su vida con reflexiones sobre su experiencia: políticas, sociales, intelectuales. Su forma de pensar en positivo, su optimismo, la claridad de su pensamiento y la capacidad para tomar decisiones es lo que explica su empuje para organizar el “Movimiento Cinturón Verde”.
Pero ¿es un proyecto “femenino” la plantación de árboles? Hay dos razones que apoyan esta idea: nace en una mujer y son las mujeres de los poblados las que hacen suya la buena gestión de la iniciativa. Pero cuando leo en sus Memorias el objetivo primario como es el conseguir terminar con la desnutrición de la población por medio de la consecución de madera para cocinar y vender y la retención de agua para los cultivos; cuando veo que es un proyecto tan directo, tan aparentemente sencillo, tan conectado con las personas. Cuando entiendo que su gestión no es la de un líder, sino la de grupos y grupos de personas que encuentran sentido a ese trabajo… creo que sí, que una sensibilidad femenina, observadora de su entorno, con experiencia de dar cariño y cuidado puede generar una idea brillante tan conectada con la tierra y con sus propias vivencias.
El hilo que une la defensa de la ecología y la lucha por los derechos humanos es más corto y más fuerte de lo que puede parecer. La defensa por el mantenimiento de un parque en el centro de Nairobi se convirtió en la denuncia de la falta de libertades de que disponían los kenianos con el gobierno de Moi.
También hay conexión con algo del pensamiento de Vandana Shiva en su transmisión de las relaciones entre la naturaleza y las mujeres. Por eso resulta impresionante la escena de las madres de los presos desnudándose ante los policías que les están pegando para que se dispersen de la sentada organizada para protestar por la detención de sus hijos. La versión africana de las Madres de la Plaza de Mayo latinoamericanas evoca imágenes tan sugerentes como las madres argentinas. Pero en la versión africana está la vuelta a su cultura tribal, y con ella la desnudez femenina como símbolo de maternidad, de fuerza y no únicamente como símbolo erótico: “Os muestro mi desnudez y os maldigo como maldeciría a mi hijo por la forma en que me tratáis” (p.285).
Wangari Maathai es uno de los referentes ecologistas más interesantes que están actuando en este momento de forma local y global.
2 comentarios:
Hola, me alegra conocer un nuevo blog feminista. Estupendas e interesantes mujeres, sin duda, unas lideresas.
Un saludo sórico
Lady Read Morgan
supongo que al final la lucha por la vida es eso que se llama el maternaje y el cuidado de la vida, no?. Excelente post, compa!
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