Pages

jueves, 17 de abril de 2008

Alma Mahler, Recuerdos de Gustav Mahler










Alma Mahler, Recuerdos de Gustav Mahler, traducción de Isabel Hernández, Acantilado, 2006, 361 pp.



La casualidad decide que comience estos comentarios con una biografía, uno de mis géneros preferidos. Aprovecho esta suerte para acogerme al madrinazgo de Alma Mahler y de su sabia ingenuidad.




Cuando Alma Mahler decide escribir estas memorias de sus diez años de matrimonio con Gustav Mahler han pasado casi 30 años de su vida con él. En ese momento ha comenzado la II Guerra Mundial y el nazismo es la evidencia de la xenofobia que ya recorría Europa desde hacía varios años. Era un momento en el que Mahler estaba proscrito en Austria por ser judío y su música se tocaba y se recordaba fuera del espacio donde había nacido.
Es entonces cuando esta mujer de 60 años se sienta a recordar sus intensos años de convivencia con un genio de la música, y lo hace desde la convicción de que ha vivido con un hombre que irá más allá de esos años oscuros en los que el nazismo intenta hacerlo olvidar.
Lo más sincero de toda la biografía es su intento de recuperar la ingenuidad de sus 22 años, la edad que tenía cuando conoce a Mahler. Naturalmente, toda la narración está pasada por el filtro de la mujer madura que ha podido con tiempo analizar despacio esos años de vida, pero agrada el reconocer la vitalidad, la frivolidad y la intuición de la juventud, sin que queden asfixiadas por el análisis de la madurez.
Alma y Gustav Mahler se llevaban 19 años y ese dato, que importará mucho a la pareja e influirá en la relación, será una clave de cómo se ve ella misma, como una joven inexperta ante muchas situaciones difíciles en la vida (los problemas profesionales de Mahler, la muerte de su primera hija, la muerte del propio Mahler).
De ahí la especialísima vinculación que mantiene Alma con su madre, verdadera prolongación de sí misma en la maternidad, como ama de casa o en los cuidados al propio Mahler. La mujer madura que tal vez él también necesitaba, la que cumplirá el papel de madre para los dos.
Los problemas que surgieron en Mahler por la diferencia de edad de la pareja se resolvieron en él de forma más perversa: con la prohibición argumentada de que ella compusiera música nunca más. ¿Cómo te imaginas un matrimonio de compositores? ¿Tienes idea de lo ridículo y de lo denigrante que sería para nosotros mismos si se convirtiera en una relación de rivalidad? ¿Qué pasa si precisamente tú estás “inspirada”, pero tienes que cuidar de la casa o de lo que yo necesite en ese momento, si tú, tal como me escribes, tienes que prescindir de las cosas pequeñas de la vida? (p.325).
Al cabo de diez años Mahler cambió de opinión y le animó a volver a escribir música pues la pareja va mostrando la evolución en su relación como muy bien va relatando el libro en cada capítulo. Esta evolución es descrita de forma tan delicada que muestra cómo los años les van igualando en experiencia, en sabiduría, en búsquedas. Por eso, la pronta muerte de Mahler (muere a los 51 años) cortó en seco una relación cada vez más compenetrada y más profunda de dos seres humanos en armonía.
Alma cuenta con estilo sencillo y concreto: las descripciones de los estrenos son una memoria histórica valiosísima para el estudio de la música, al igual que los recuerdos de personajes fundamentales para la música como
Richard Strauss, Schonberg, Bruckner.
El libro, tan elegantemente editado por Acantilado nos regala al final unas cuantas cartas de Gustav Mahler a Alma. Mi único lamento se une al de Mahler escrito en una carta de 1901: ¡Si tuviera una foto tuya!

2 comentarios:

testa-rudo dijo...

Pues suerte y al lio!!

besos

AnaM dijo...

Gracias testa-rudo, continúa leyéndonos. Besos