Me pongo en el círculoen la ciudad muerta
y me ato los zapatos rojos
(...)
No son míos,
son de mi madre,
de su madre antes,
heredados como una reliquia
pero escondidos como cartas vergonzosas.
Anne Sexton.

La poeta norteamericana Anne Sexton (1928-1974), que tocó en sus poemas temas como la menstruación, el aborto, la relación con la madre o el consumo de drogas, titula este poema con un motivo de los cuentos de hadas: los zapatos rojos como metáfora de la creatividad femenina, y los impedimentos y “peligros” de esa creatividad en el patriarcado.

Sandra Gilbert y Susan Gubar en su espléndido ensayo La loca del desván. La escritora y la imaginación literaria del siglo XIX, interpretan este cuento (y el motivo de los zapatos rojos) en clave feminista, según la cual Blancanieves y su madrastra podrían ser las dos caras de la misma mujer. La forma en la que Blancanieves cede a las artimañas, cada vez más sofisticadas y subversivas, de su madrastra bajo múltiples disfraces (como anciana buhonera se ofrece a ajustar el corsé de Blancanieves sofocándola con las lazadas; como anciana sabia experta en belleza femenina se ofrece a peinarla con un peine de sirena envenenado; por último, como granjera, la invita a la manzana envenenada) sugiere cuánto se aproximan las tentaciones de la madrastra a los deseos internos de Blancanieves. La manzana de Eva para destruir a la angelical Blancanieves tiene dos caras en el cuento original: la cara roja, enevenenada, que muerde Blancanieves –la energía sexual de la reina y su deseo de poder- y la cara blanca, que muerde la reina-bruja –la domesticidad, sumisión y bondad de Blancanieves-.La reina es una conspiradora, intrigante, bruja ,artista, imitadora, astuta y desbordante de energía creativa, desea una vida de acción significativa. Blancanieves inocente y dulce, representa el ideal de pureza angelical y contemplativa que puede, literalmente, matar a la reina.

Volviendo al poema de Anne Sexton :
Todas esas chicas
que llevaban zapatos rojos
cogieron un tren que no pararía.
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Se arrancaron las orejas como si fueran imperdibles.
Se les cayeron los brazos y se conviertieron en sombreros.
Sus cabezas rodaron y cantaron por la calle.
Y sus pies oh, Dios, sus pies en el mercado-
...los pies siguieron andando.
Los pies no pudieron parar.
............................................. 
Gilbert y Gubar recogen también un pasaje de Lady Oráculo de Margareth Atwood en el que el conflicto entre feminidad y creatividad se encarna nuevamente en la metáfora de los zapatos rojos. La protagonista es una escritora que al pisar cristales ve sangre en sus pies y de repente siente que ha descubierto
Los zapatos rojos verdaderos, los pies castigados por bailar. Podías bailar y podías obtener el amor de un hombre bueno. Pero tenías miedo de bailar porque sentías ese amor antinatural de que si bailabas te cortarían los pies para que ya no fueras capaz de hacerlo (...) Finalmente superaste tu miedo y bailaste, y te cortaron los pies. El hombre bueno también se marchó, porque querías bailar.
Zapatos 1: Pilar Albarracín, Dame veneno que quiero morir.
Zapatos 2: Pilar Albarracín, Bailaré sobre tu tumba.