María Galindo y Sonia Sánchez, Ninguna mujer nace para puta, Lavaca, Buenos Aires, 2007

Hay que enfrentar la verdad. Y la verdad es que la prostitución es violencia. No es un trabajo. Es violencia psíquica y física ejercida sobre cuerpos de niñas, adolescentes, jóvenes, maduras y viejas (...) Entonces, ¿ser torturada es un trabajo? ¿Ser humillada es un trabajo?
Sonia Sánchez, p.54
Construido en forma de conversación "de hermanas" en la que intercambian experiencia y sabiduría (¿por qué pienso que tiene algo de medieval esta fórmula?) aparecen, de pronto, frases con tanto contenido, tan preñadas de referencias, que es necesario apuntar algunas para que no se olviden, para que no se pierdan: "Por eso, dice María Galindo, la palabra puta y todo el universo que la rodea a la puta es imprescindible también desde el punto de vista de la construcción de referencia e identidad para las mujeres". (p.30)
La prostituta como víctima total del proxeneta, del "prostituyente", de la sociedad que la criminaliza y la patologiza, de la Iglesia que la ve como una pecadora que tiene que arrepentirse. Pero ¿hasta qué punto la prostituta es responsable de sus actos y sus decisiones? ¿Hasta qué punto hay que pedirle responsabilidades como mujer adulta? "Es difícil parar y mirarte, por eso vives huyendo. Estás huyendo también de una justificación hacia otra, sin romper y poner en cuestión la situacion". (p.62)